SUEÑOS ( relatos gay)

SUEÑOS

SUEÑOS

Me encontraba revisando la correspondencia que habitualmente me llega a mi correo electrónico. Hubo uno en particular que me llamó la atención. No conocía esa dirección. Generalmente no abro este tipo de correos, pero la curiosidad pudo más que la precaución. Quiero conservar en el anonimato esa dirección electrónica porque su mensaje despertó en mí esas expectativas que yo creía habían desaparecido de mi vida.

He aquí el mensaje:

Asunto: quiero que empleés la táctica conmigo.

Hola, quiero ser tu amigo y quiero que empleés la táctica que tu dices conmigo. Soy ingeniero, 31 años, vivo en Bogotá, 1,72 de estatura, 70 kilos, blanco, cabello negro y ojos cafés.

Si estás interesado, escríbeme.

Un abrazo

Pedro.

Bueno, la historia es muy simple. Me había inscrito a Amigos Virtuales de uolmail hacía poco. Esta era la respuesta, que en el fondo esperaba, a pesar que nunca he confiado en estos sistemas. Los considero impersonales y poco fiables.

De inmediato, tomé papel y lápiz y copié la dirección. Y sin pensarlo dos veces di respuesta. Increíble, pero no dejé copia. Siempre lo hago. No sé que pasó, tal vez la misma emoción me llevó a obviar este pequeño, pero importante detalle. Recuerdo que hice alusión a la frase que coloqué. Me acosté porque ya era muy tarde. En mi mente quedó rondando esa dirección y ese ser desconocido que me invitaba a que llevara a cabo la frase de presentación en Amigos Virtuales.

Lo cierto es que al otro día ni recordaba el hecho, pero en las horas de la noche me dediqué a mi cotidiana tarea. Allí estaba un mensaje fechado 06/27/2001 10.49 y el sugestivo “quiero”. Me corazón doy un vuelco de alegría. No lo podía creer. Allí estaba su mensaje. Lo abrí y empecé a leer:

“Quiero mirarte a los ojos, verlos fijos, sentir la respiración bien profunda, callar las palabras, darte un beso profundo, abrazarte fuerte, desnudarte, conocer tu cuerpo y tu alma a la vez, recorrerlos con besos, sentir tus agradables fragancias para reconocerte desde lejos, decirte de todo a pesar de que no pueda expresar nada, sentirte cerca a mi, quiero que me excites con tu pasión árabe (porque tú nombre viene de la tierra de las mil y una noches), quiero hacerte el amor para que tú también me lo hagas.
Un abrazo
Pedro

p.d: dime quien eres, cómo eres, qué haces y qué te gusta hacer.

Pedro”

Al leer sus palabras algo muy adentro de mí me hizo vibrar. Una sensación nunca antes vivida. Emoción, satisfacción, felicidad, inquietud, interés, temor. Todos a una. Allí mismo, en su mensaje quise escribir mi respuesta. Su nombre Pedro. Vive en Bogotá. Profesional, 31 años. Mi imaginación iba y venía una y otra vez. Esta fue mi respuesta:

Mensaje Original
De: ---------@uol.com.co
Tema: Yo también
Para: --------@LatinMail.com

Hola poeta:

De verdad tu lenguaje me llegó al alma. Ese es el tipo de hombre que ansío. Romántico, capaz de acallar las palabras para que el estro (la pasión) hable y diga lo que sienta a través de la caricia y el beso y llegue a su cúlmino, a través, de lo más sublime, la entrega mutua, sin condicionamientos, sin límites. Viviendo cada instante a plenitud, cada beso, cada caricia con la intensidad del huracán.

Soy H..., de Cali; sí, soy descendiente de esos peregrinos de las "Mil y una noche". Apasionado como Harum-al-Rashid y Sherezada. Amo la paz bucólica de los espacios abiertos, amo el mar y las montañas. Mi sueño más grande es poder hacer el amor hasta perder la noción del tiempo al aire libre, junto al mar, en una perdida montaña, donde nos arrulle el viento y nos cobije el cielo. Soy blanco, tostado por el sol canicular del Valle del Cauca. Ojos pardos, oscuros, soñadores, boca bien definida, roja como una fresa. Muy velludo, creo que a Dios se le fue la mano. Peso 79 Kilos. Pronto te envío una foto para que me conozcas.

Un beso intenso y apasionado allí en tu boca de poeta. Desde hoy soñaré contigo. Me imaginaré como eres. Hasta tanto pueda conocerte a través de esa foto que espero con ansiedad. Mi mano te acaricia con ternura y baja y baja y baja...

R...

Esa noche leí una, dos, tres, en realidad no sé cuantas veces el mensaje de Pedro. Me fui sumiendo en un profundo sueño. Hasta que quedé desconectado del mundo real. Y empecé a soñar.

Quiero narrar este sueño, porque fue nítido como pocas veces me ha sucedido. Quiero que lo conozcas, lo leas y si en algo lo aprecias, lo conserves, porque está escrito para ti, querido Pedro. Tu nombre es evocador. Sí “Petrus”, “piedra”, roca en la que se puede cimentar algo bello, estable, duradero, permanente, eterno. Tu nombre sabe a desierto, mejor a oasis.
Esto fue lo que soñé:

Me vi caminando por una amplia pradera que conducía hacia un paraje boscoso. De camino hacia la montaña vi un hombre joven, apuesto, cabello negro y ojos llenos de luz. Me saludó con la mano. Y de su boca salió, como un susurro, una voz suave y apacible:

 ¿Acaso, no me reconoces? Soy yo, Pedro.
 ¿En verdad, eres tú?
 No lo dudes, el mismo.
 Y, ¿qué haces en este paraje, tan lejos de Bogotá?
 Estoy aquí para que compartamos. Para que nos conozcamos. Es que quiero mirarte a los ojos, verlos fijos, sentir la respiración bien profunda, callar las palabras, darte un beso profundo, abrazarte fuerte, desnudarte, conocer tu cuerpo y tu alma a la vez, recorrerlos con besos, sentir tus agradables fragancias para reconocerte desde lejos, decirte de todo, a pesar de que no pueda expresar nada, sentirte cerca a mi, quiero que me excites con tu pasión árabe (porque tú nombre viene de la tierra de las mil y una noches), quiero hacerte el amor para que tú también me lo hagas.- Me repetía su mensaje. Su voz era un eco que lo llenaba todo. Mi expectación fue total.
 Pero, ¿cómo es que estás en mi sueño, si nunca nos hemos visto?
 Eso es lo maravilloso de los sueños. Yo tampoco te he visto nunca, pero sé que eres tú.

Nos miramos con mirada intensa y chocamos nuestras manos en señal de amistad. Iniciamos la ascensión hacia ese misterioso lugar que nos estaba esperando. El sol era exuberante. La vegetación tenía mil tonalidades de verde y se veía salpicada aquí y allá de cientos de flores rojas, amarillas, azules, violetas. A lo lejos se escuchaba el rumor de un río que nos invitaba lleno de felicidad a que compartiéramos sus hídricas entrañas.

 Mira, Pedro, allí a tu derecha, si, en esa dirección.- Le señalé con la mano.
 Es hermoso. Nunca antes había contemplado semejante panorama.
 Observa, desde aquí se alcanza a contemplar el mar. ¿No es maravilloso?
 Es verdad, ese es nuestro mar.
 Efectivamente, ese es nuestro mar.- Le dije y de mi pecho brotó un hondo suspiro. Y agregué: Pero aún está muy lejano para que lo alcancemos.
 Llegará el momento, sé que llegará el momento, ¿no te parece?
 Eso deseo con toda mi alma.
 Yo también quiero que sea así.

Allí permanecimos largo tiempo contemplando esa simbiosis entre mar, montaña y cielo. Nuestras manos se acercaron y se entrelazaron con ternura, con suavidad; nuestras miradas se cruzaron y en ellas leímos en anhelo mutuo lo que nos ofrecía mi sueño. Nos desviamos por un sendero. Descendimos hasta donde percibíamos el rumor del río. Nuestros cuerpos ágiles y livianos más que correr parecían volar. Al fin llegamos. Allí estaba el río. Un amplio charco de aguas cristalinas y rumorosas se abría a nuestros pies. Ambos respiramos profundamente, parecía que queríamos insuflar en nuestro interior ese lugar maravilloso. Nos sentamos sobre la fina arena, cubierta de piedras aquí y allá. Nuestro cansancio era evidente; una suave brisa se convirtió en cómplice nuestra, nos refrescó y nos devolvió el ánimo.

 Aquí estamos tú y yo. Le dije.
 Sí, solos tú y yo.- me dijo con una hermosa sonrisa que mostraba su blanca dentadura.
 No estamos solos.- Le repliqué.
 ¿Cómo así? ¿Hay alguien más?- Preguntó con cierto disgusto en su voz.
 Nos acompaña el río, detrás de nosotros dejamos la visión del mar, nos acaricia la brisa, nos mira el cielo azul, nos acompaña nuestro mutuo anhelo.
 ¡Qué romántico eres!
 Así soy yo, querido Pedro. En cada hecho, en cada situación veo la posibilidad de ser feliz y hacer que la felicidad cobije al ser que comparte conmigo.
 ¿Tú quieres que yo sea feliz? Me preguntó con ansiedad.
 No lo dudes, niño mío, eso deseo.

De un salto se puso de pie, me tendió su mano y me atrajo hacía sí. Por primera vez nuestros cuerpos se rozaban, se unían, se percibían. Sentí la tibieza de su cuerpo, el aroma de su boca, la luminosidad de sus ojos, el embrujo de su mirada.

 Abrázame fuerte.- Me dijo con firmeza.

No pude negarme a tan sugestiva invitación. Desde que lo vi, había deseado hacerlo, pero me había contenido, en el fondo, soy muy tímido. Como si fuera una imagen en cámara lenta nuestros cuerpos se fueron acercando. Ambos gozábamos la experiencia. Nos entrelazamos en un abrazo intenso, emocional, viril, efusivo. El cielo tuvo celos. El río rumoroso aplaudió nuestro encuentro y la brisa coqueta nos envolvió con su manto de frescura etérea. Fue eterno el abrazo. El tiempo no transcurría, estaba inmóvil, como inmóviles estaban nuestros cuerpos sin asomo de pasión ni lascivia. Era el encuentro de las almas que se comulgaban mutuamente.

Poco después decidimos nadar. El río nos llamaba con sus voces de rumor y de frescura. Nos desnudamos lentamente. Nos mirábamos como queriendo descubrir todo aquello que ocultaba la impúdica ropa, artilugio de la cultura, que oculta la belleza del cuerpo humano. Nos reíamos como dos críos a medida que nuestras prendas volaban por el aire como aves en celo. Los rayos del sol besaron nuestra desnudez. Dos cuerpos masculinos llenos de lozanía deslumbraron y eclipsaron la bucólica paz del entorno.

Nos lanzamos al agua y nadamos de un lugar a otro. Era como si danzáramos la obertura del amor. Se imprimió un “andante”, luego un “vibratto”; para concluir con un “andante vibrattto e maestuoso”. Pedro se ubicó entre dos piedras que sobresalían en el charco. Su cuerpo surgió con toda su hermosura, semejaba la estatua de un antiguo dios. Su piel blanca brillaba como si estuviera tapizada de miles de soles; eran las gotas de agua que al contacto con la luz del sol creaban ese portentoso espejismo. Con agilidad tomó impulso y su cuerpo dibujó una inmensa curva en el aire para penetrar con elegancia en las vírgenes aguas del río. Nadó con gallardía y soltura. Yo extasié mi mirada en su cuerpo, mientras él se deslizaba como rápida góndola creando un sinnúmero de estelas transparentes. De nuevo se quedó inmóvil mirando al infinito, soñando no sé que cosas. Yo nadé hacía él. Me zambullí lo más profundo que pude. Ya cerca de él, me deslicé sobre sus piernas como un pez, cuando emergía su sexo quedó justo a la altura de mi boca, no pude más y lo engullí con avidez. Pedro al sentir el contacto de mis labios con su pene, hizo una cabriola y eludió mi caricia bucal. Rió con sonoras carcajadas que llenaron el espacio. Se abalanzó sobre mí, no lo pude esquivar y me asió con fuerza por la espalda, diciéndome muy quedo al oído:

 ¡Ladronzuelo! ¿Quieres intentarlo de nuevo?
 No sé, realmente no lo sé. Salvo que tú lo desees.

No hubo más palabras, nos quedamos así unidos durante un largo rato. Era la forma para conocer nuestras almas; sí, reconocer nuestros cuerpos y nuestras almas.

Salimos del agua y nos tendimos sobre la hierva. Unimos por vez primera nuestros labios con un beso prolongado, intenso, lleno de fuego. Entre beso y beso de mi pecho brotó un fragmento de un poema de Mario Benedetti:

Puedo permanecer en mi baluarte
en ésta o en aquella soledad sin derecho
disfrutando mis últimos
racimos de silencio – (besos, nuestros besos)
puedo asomarme al tiempo
a las nubes al río
perderme en el follaje que está lejos - (más besos y entre cada beso el poema).
pero me consta y sé
nunca lo olvido
que mi destino fértil voluntario
es convertirme en ojos boca manos
para otras manos bocas y miradas (ahora lo sé, para tus manos, tu boca y tus miradas.)

Casi sin aliento, nuestras manos, al unísono, empezaron la danza de la caricia. No hubo lugar que ellas, voraces, no auscultaran. Iban y venían, unas veces con fuerza y desespero, otras llenas de ternura y anhelos realizados. Nuestros ojos permanecían cerrados, pero éramos capaces de percibir todo lo que sucedía con la nitidez del relámpago. Se silenciaron las palabras, ya no decíamos nada. Un lenguaje distinto, diferente envolvía nuestros cuerpos, nuestras mentes y nuestras almas. El río cantaba rumoroso, el viento soplaba produciendo entre las ramas de los árboles una acompasada melodía; ella fue marco propicio para nuestra pasión desembocada. Nuestros penes se izaron como mástiles de un velero que surca el mar en arrebato. Nuestras bocas ansiosas los buscaron y unidos así, cabalgamos en estampida. Solo nuestros sonidos llenos de placer herían el espacio. Sentí que su mástil se extendía al máximo, percibí el palpitar de sus venas en mis labios. Pedro sentía mi falo estremecerse en su boca de gozo. Una erupción simultánea llenó nuestras bocas con la blanca y tibia lava de nuestras entrañas... Nuestras pelvis se agitaron con violencia hasta quedar exánimes y exhaustas. Nos arropamos él uno al otro en un gesto de amor...

Desperté sobresaltado, busqué a mí alrededor, no había nadie. Había sido un sueño. La única huella visible de mi sueño era una inmensa mancha aún tibia sobre la sábana. Encendí un cigarrillo y pensé nuevamente en ti.

Hoy encontré dos mensajes de Pedro. Iguales, semejantes. La única diferencia era que el segundo contenía algo más. Una foto. Los leí ambos:

Este soy yo para que empieces a conocerme y empieces a soñar con un mundo ideal lleno de amor y de pasiones desenfrenadas.
Espero que me envíes la tuya.
Un abrazo
Pedro

p.d: perdona el mensaje anterior, pero oprimí el botón equivocado

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Espero que hayas recibido mi respuesta y mi foto, no es la mejor, pero ella te muestra como soy. Mi escrito te dice como soy, un soñador que ha empezado a soñar contigo. Sí, he empezado a soñar con ese mundo ideal lleno de amor y de pasiones desenfrenadas. Tu me has invitado a ello. Acepto, espero que tu hagas lo mismo.

Pedro, no soy como otros, soy distinto, diferente. No busco una aventura casual, busco ante todo la amistad sincera, abierta, dispuesta a todo. Debo decirte que no solo me gustaste sino que me atrajo tu figura. Me ha cautivado tu forma de decir las cosas, de plantear las cosas. En algo nos parecemos y eso me llena de satisfacción. Percibo que amas las cosas bellas, amas la vida, amas la palabra y juegas con ella como un artista. Ojalá mi sueño se hiciera realidad. De verdad, estoy contento narrándote mi sueño, el cual sucedió tal como está aquí escrito.

Mi táctica es mirarte, aprender como eres. Mi táctica es hablarte y escucharte, construir con palabras un puente indestructible. Mi táctica es quedarme en tu recuerdo, no sé cómo ni sé con qué pretexto, pero quedarme en ti. Mi táctica es ser franco y saber que eres franco y que no nos vendemos simulacros para que entre los dos no haya telón ni abismos. Mi estrategia es que un día cualquiera no sé cómo ni sé con qué pretexto por fin me necesites y yo te necesite.

ESPERO LO LEAN Y LES GUSTE, ENVIENME SUS COMENTARIOS. gRACIAS

muy bueno,excelente,pero si me lo chupas seria mejor ,ya que yo te conozco mi amor.

me gustaria chupartelo

romanticon, como me gustan los hombres

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